La erótica del papel

photosmartphone_book

Hace unas semanas, que en realidad son ya un par de meses, tuve la oportunidad de conocer a Lorena Fernández, Loretahur, en un curso sobre Social Media. Una gran profesional, excelente comunicadora (nos dio una masterclass de categoría) y, ya que estamos, una tía muy maja. Tras su intervención, estuvimos hablando un rato, porque ya nos conocíamos a través de nuestros alter egos digitales pero no habíamos coincidido en persona. La desvirtualización, lo llaman algunos y algunas.

Entre otras cosas, como a Lorena le gusta la fotografía y todo lo referente a redes sociales, salió el tema de Instagram, así queme apeteció enseñarle el Photosmartphone_book que editamos algunos igers el año pasado. La reacción, como es habitual, fue una amplia sonrisa. Pero además, mientras sostenía el libro y lo acariciaba en un gesto que, curiosamente, repite cada persona a quien se lo enseñamos, Lorena me regaló una frase:

La erótica del papel…

Aquellas palabras, entre suspiros, encerraban esa sensación que muchas personas tienen ya en esta era digital y que, inevitablemente, tendremos quienes hemos vivido el cambio desde “lo analógico”.

Los avances tecnológicos de los últimos años han transformado de una forma bestial los procesos y los productos que utilizamos en nuestro día a día. Eso es una idea de perogrullo que merece palmadita en la espalda y bolsita de cacahuetes. De acuerdo. Pero quizás a veces no nos damos cuenta de la importancia que ha tenido en este profundo “cambio de paradigma” la digitalización de contenidos.

Puede que donde antes regía la mecánica, ahora lo haga la electrónica, pero seguimos teniendo un coche. Un aparato que podemos tocar, en el que nos montamos y conducimos de un sitio a otro. Puede que las televisiones ya no sean de tubo, que ocupando la mitad, sean el triple de grandes, infinitamente más nítidas y tengan 10 veces más canales. Pero son televisiones. Un trasto que ponemos en el salón, o en la habitación, o en la cocina. Sin embargo, no pasa lo mismo con los contenidos: los libros, las películas, la música, la fotografía…

Antes, estos productos eran objetos, “realidades” que podíamos tocar, y almacenar físicamente. De hecho, todavía podemos hacerlo. Pero en todos ellos (salvo en los libros, al menos en nuestras fronteras) el estándar es ya su versión digital. Durante el tiempo en que resultó una novedad, acceder a esa versión digital era un pequeño lujo, generalmente asociado al aparato a través del que se conumían. Ahora que todo esto está normalizado, comienza el efecto contrario

formato fisico vs digital - alta fidelidad

El “Alta Fidelidad”, Cusack interpreta a un fetichista musical con una tienda de discos.

Ya está pasando. El “lujo” está en esas versiones físicas que hace tres días parecían haber perdido su sentido. Vuelve el gusto por el vinilo, hay gente que se aferra a sus libros de papel (incluso aunque lea en digital) o se empeña en imprimir sus fotografías pese a que pueda disfrutarlas ya no en uno de esos infames marcos electrónicos, sino en su televisor de 50 pulgadas. No nos hemos vuelto locos. Tampoco es solo nostalgia o resistencia al cambio.

Lo que sucede es que los formatos digitales, aun con su impresionante cantidad de ventajas, tanto para consumidores como para quienes los generan y venden, son productos etéreos, intangibles. Nuestro “yo animal”, por defecto, tiende a valorar más algo que se pueda tocar, oler, que ocupe un espacio físico… Es la importancia de la tangibilidad, una de las preocupaciones clásicas de, por ejemplo, las empresas de servicios.

El reto de los mercados de contenidos es encontrar la forma de cubrir las necesidades de los “tangibilistas”, que aunque rentable, es mucho más costoso.

Porque sí, puede que disfrutar de la galería fotográfica digital de 25 locos en tu ordenador, tablet o smartphone, sea genial… pero sostener un libro, impreso y encuadernado con mimo, tocar la textura de sus páginas, olerlo… es una sensación que no tiene nada que ver con abrir un ficherete en un aparato electrónico, está lleno de romanticismo o, como decía Lorena, de erótica.

La erótica del papel…

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5 comentarios en “La erótica del papel

  1. Me pone usted colorá :-). El placer de la desvirtualización fue mutuo y del libro en papel llegó mi estreno en Instagram. Yo también me incluyo en ese grupo de fetichistas de lo que se puede palpar.

    • Tu última frase, sacada de contexto, tiene tela… Pero sí, no es lo mismo escuchar un disco o leer un libro dándole a un icono, que verlo ahí en la estantería, sacarlo, abrirlo, tocarlo… es que no hay color…

      Y está claro que el formato digital tiene muchas más ventajas, pero al final son cosas distintas, siendo lo mismo…

    • Es algo que quizás las generaciones que vienen no entenderán, porque para ellos un libro será un fichero de texto… los físicos quedarán seguramente como algo raro y lujoso…

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