La Grúa Karola

Cuenta la leyenda bilbaina que, en los tiempos de esplendor de los Astilleros Euskalduna, los obreros se alegraban la vista con las neskatos que pasaban de uno a otro lado de la ría en las txalupas / botes / gasolinos.

Una de ellas, Karola, levantaba tales pasiones entre mutikos y no tan mutikos, que se subían a la grúa más alta para admirar su figura y, probablemente, gritarle unas marranadas que se caga la perra. Por eso bautizaron a la grúa en cuestión con su nombre. Quién sabe si la chica se llamaba en realidad Eustaquia, Filomena o Mari (…) y la llamaban Karola porque les dio el cuarto de hora… Pero el caso es que, en honor a sus virtudes (físicas, al menos hasta donde sabemos), la máquina se quedó con ese nombre.

Como homenaje a aquellos años, no sólo el puente que une Deusto con el Sagrado Corazón y el nuevo Palacio de Congresos hacen referencia a los astilleros, también se ha mantenido la Karola en pie, muy txukun, bien pintadita y lustrosa, junto al Museo Marítimo de Bilbao.

Es uno de esos vestigios del pasado industrial de nuestra querida Capital del Pluriverso, que salpican el paisaje urbano de la Villa. Antaño parte del jariguay productivo, hoy se erigen orgullosos como monumentos a una época, no precisamente lejana, que ha sido clave para el desarrollo de esta pequeña gran ciudad.

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