¡Que llegan los 30!

En las series americanas, más concretamente en las sitcom, hay un tópico que sirve de comodín para sus guionistas: cumplir 30 años.

Por lo visto, cuando llegas a los 30, sufres una metamorfósis física y espiritual brudical, que te vuelve un impedido/a para un sinfín de cuestiones… vamos, como en los anuncios de compresas de los 90, pero al revés. O esa idea se desprende de la preocupación patológica de los personajes, que siempre tienen una lista de cosas que se han propuesto hacer antes de llegar a la fatídica fecha de su ventidiézico cumpleaños. Parece que después jamás serán capaces de llevarlas a cabo o, de hacerlo, ya no tendrán valor.

A medida que llega el día, los citados protagonistas de la teleseries sufren un in crescendo de agobio. Repasan la lista y deciden meter el turbo para cumplir con su ristra de asuntos pendientes. Están convencidos que, de lo contrario, se sentirán unos fracasados (American classic). Algunos de esos asuntos serán experiencias, otros retos personales y/o profesionales. Pero generalmente se revelarán como un montón and a half de soplavaineces que, con un poco de suerte, nos harán reír frente a la tele.

Esa idea de mirar hacia atrás y pensar en las cosas que no he hecho llegada cierta edad, de fijarme un límite en fechas para hacer esto o aquello en la vida, me parece muy divertida en pantalla, pese a lo poco original del planteamiento, pero no tanto en la realidad.

La vida es para vivirla. De perogrullo, lo sé, pero a veces conviene recordarlo. Está bien tener ciertos objetivos, me da igual si son pequeñas bobadas o grandes hazañas, avanzar en ciertas direcciones, fijarse ciertas metas… pero convertir dichos objetivos en el condicionante de nuestra felicidad, me parece una de esas gilipolleces de la cultura estadounidense que, por favor, mejor si no importamos.

Dicho esto, os propongo que, en caso de veros tentados con la idea de repasar una lista cuando veáis cercano el siniestro cambio de cifra, le deis la vuelta al concepto. En lugar de recuperar aquellas cosas que queríais tachar durante las primeras 3 décadas de vuestra existencia, mirad atrás para hacer inventario sin más. No os fijéis en lo que habíais proyectado, sino en lo que tenéis hasta el momento, sobre todo en lo inmaterial, en lo que habéis hecho de verdad, en lo que os ha venido sin querer, queriendo, de frente o de lado. La gente, las experiencias, las alegrías, tristezas y lo que habéis aprendido.

Porque igual pensáis que todo es mirar por el objetivo y disparar… o echar la caña y ver si pica… pero me dá en la nariz que esto de vivir se parece más a la pesca de arrastre, que independientemente del rumbo que tomes y dónde te lleve, siempre recoges un porrón de cosas.

Por cierto, gracias por sí importar lo de las fiestas sorpresa.

Y los 30 molan, que conste. Al menos, los 3 primeros días que los tienes…

(Perdón por la sensiblería y el misteorismo blandito…)

fuente imagen: habitosvitales

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