Monotema #bbklive2011: EPÍLOGO – RESUMEN tardío del Bilbao-bbklive 2011

Ya avisé de que, previsiblemente, llegaría con este resumen un siglo después del festi. Los compromisos en el trabajo y el (pedazo de) concierto de Arcade Fire del miércoles han retrasado un poco el tema (el finde es de las fiestas, por supuesto)… Pero más vale tarde que nunca. O algo.

Este post es kilométrico. Probablemente lo empecéis a leer hoy y terminéis dentro de una semana. Lo advierto de antemano, por si acaso. Coged unas cervezas, unas palomitas y mucha paciencia. Prometo no volver a hacer algo así aquí, pero partirlo en trozos hubiera sido peor todavía.

Jueves

Corriendo del trabajo, me quité mi disfraz de Batman ™ y me vestí de persona. Tras una cola de chorrocientos metros que partía de la calle Pitxitxi (sí, con tx) y llegaba hasta la Escuela de Ingenieros, montamos en un bus que subió con agilidad hasta el Monte Kobetas (que yo toda la vida le he llamado Monte Caramelo…).

Una “pequeña” caminata cuesta arriba, otra cola serpenteante y ya tenía mi pulsera de plástico de color azul para los tres días del festi. Sí, amable pulseradora “esto”, mi entrada, no es “un recuerdo, no?”, también es un comprobante de que yo he comprado esa entrada…

Entramos a mitad del concierto de Russian Red, que sonó bastante bien, pero tras un par de canciones decidimos terminar de situarnos e ir a por tickets (poco señalizados, por cierto). El dinero del festi era el de otros años (púas de metallica y toda la pesca), una alegría para quien tuviera chines de palo sin cambiar.

Para pasar el rato, kankarro cervecil en mano, nos acercamos hacia el escenario 2, donde unos The Twilight Singers totalmente desconocidos para mí (luego he visto que son el grupo de Dulli, ex-Afghan Whigs…), resultaron ser bastante interesantes. Rock de herencia setentera (y noventera) con detalles curiosos y fantásticamente ejecutado. Me los apunté para revisitarlos sobre mi querida mula eléctrica. Si vuelven por aquí, iré a verles.


Beady Eye
lo hicieron francamente bien. Con un Liam Gallagher muy contenido (sólo levantó el dedo corazón un par de veces), embutido en sus 80 capas de ropa, parca de rigor incluída. Lo malo es que no son Oasis y el remate perfecto hubieran sido un par de canciones del repertorio antiguo. Tengo que ser sincero, estuve más atento a mi compañía y al bocadillo que al concierto.

Blondie fue el primer grupo en constatar que el Escenario 2 es incómodo tal y como lo tienen montado, porque reunieron a un montón de gente, que se agolpaba a los lados de una estructura metálica y una barra (para servir) demasiado metidos en el meollo. La actuación fue simpática, sin más. La gente cantó los temas míticos de la banda y esas cosas… Debbie está un poco mayor (no digo “es”, porque eso es evidente, digo “está”, que conste).

El momento cumbre de la jornada, tal y como era de esperar, fue el despliegue de energía, de medios, de sonidos y de emociones que trajo Coldplay.


No creo que defraudaran a nadie. Musicalmente estuvieron perfectos y fueron muy generosos con un público al que hicieron protagonista más de una vez en el fabuloso montaje visual que traían (pirotecnia incluída, por cierto). Sonaron muy bien desde el principio hasta el final y el único “pero” que se les puede poner es que supieron a poco.

Yo, que soy más de los primeros dos discos, especialmente del Parachutes, me quedo con el momento que el usuario JJArry recoge entre sus videos del yutubes y que os pedo aquí mismo.

Con miedo de no perder demasiado sueño (había que currelar al día siguiente) enfilamos las escaleras del barrio de Altamira, que se hicieron interminables. El viernes sería un día de cuerpo tocado por dormir poco y ojeras hasta el suelo… pero a partir de las 5 de la tarde todo cambiaría…

Viernes

Subí solo. El bus llegó infinitamente más arriba, una razón más para ir pronto. Me junté con Don Txe, me tomé un Red Bull resucitador y nos fuimos juntando con el resto de la festivalada poco a poco (me lo pasé piruleta, gente), primero con los que tenían que currelar y luego con quienes iban a disfrutar. Tras ver un ratín a Noisettes (concierto simpático) bajo un sol del copón de la baraja (gracias por la gorra en la entrada, cabezateles), me preparé mentalmente para uno de los chous que más ganas tenía de ver (si no el que más)… en fin…

The Mars Volta tocaron para sus ombligos. Sólo faltó que Omar estuviera de espaldas medio concierto y que Cedric eructara el abecedario hacia atrás en algún tono agudo imposible de percibir al oído humano. Son unos cracks, pero me decepcionó la formación que trajeron (6 en total en el escenario… contando al tio del sampler y al del sinte), que se quedaba demasiado corta para mucho del material que han grabado. Se portaron muy poco con el público.

Para rematar, el sonido estaba arreglado como el culo: al principio del concierto, lo único que se oía de la batería era el bombo… y Pridgen es un máquina, así que eso es un sacrilegio. Conste que tampoco es la impresión generalizada, he oído y leído muchos comentarios positivos.

El setlist estuvo casi íntegramente compuesto por temas nuevos. De hecho, cuando quedaba un cuarto de hora de concierto, hubo gente que se cansó y empezó a pitar. Me eché a temblar… sí, estarían en pajilleril mode on, pero no es la primera vez que les veo y sé que son capaces de reaccionar bajándose del escenario en ese mismo momento. Afortunadamente, se miraron, se rieron un poco y empezaron a tocar Inertatic. Un par de temas más, medianamente populares, y a correr. Hicieron la mítica espantada, que se acabará bautizando como “hacer un Mars Volta”. Sólo Omar paró 5 segundos, para soltar un “espero que lo hayan pasado bien, nosotros lo hemos pasado genial con ustedes” (o algo así) mientras hacía gestos con las manos a lo “conteneos, no nos tiréis piedras”.

Rancios o no, estuvieron bien en lo suyo, simplemente esperaba algo más de espectáculo, más compañía… dudo que estuvieran a la altura de lo que toda la gente que les conocíamos en la campa esperaba. Probablemente tampoco les hizo demasiada gracia tocar tan pronto. Las 18:20 no es una hora lógica para un grupo acostumbrado a ser cabeza de cartel.

Hora del bocata. EL Bocata. Jamás había comido una cosa así: carne asada a la parrilla, entre pan y pan, con salsa chimichurri. Era como un bocadillo de chuletón. El mal sabor de TMV se fue rapidito y Radiofunkens y TV On the Radio quedaron en un segundo plano para mí. Yo sólo pensaba en ese pedazo de bocadillo… y bueno, la Sanmi entraba fantabulosamente también (no sabéis lo tranquilo que respiré cuando supe que no sería un festival heinekenero…). Tras un pequeño descanso, tocaba el otro plato fuerte de la tarde.

Vetusta Morla LO PETÓ. Ni Coldplay ni leches. Hasta la gente “de fuera” estaba guatdefakin con el nivelón de concierto que se currarón. De lo mejorcito del bbklive de este año. Había momentos en los que se te ponían los pelos de punta. Percusión espectacular, finales épicos, pequeñas variaciones del directo… sonaron genial y Pucho no paró de interactual con la gente. Agradeciendo al personal su asistencia, reconociendo la calidad del festival… y soltando incluso algún chiste entre tema y tema. Esperaremos ese dueto con Amy… BU RU TAL.

Nada más terminar los madrileños, empezó a sonar el Club Foot de Kasabian, que protagonizaron la transición del día a la noche del viernes. El escenario 2 se les quedó muy pequeño.


No soy un fan, pero disfruté mucho un concierto en el que supieron caldear el ambiente a base de su pop británico ultravitaminado. Insisto en que no había sitio ni para el público ni para el montaje que traían. Mientras terminaban el concierto, nos dimos la vuelta para salir lo antes posible, había que asegurarse de estar en buen sitio para lo que se avecinaba.

¿Quién quiere a Amy cuando puede ver un concierto como el que Suede dio? ¿Hay alguien a quien no le gustara? Bueno, sí, a mi peluquera… aunque todavía no entiendo por qué (tampoco me argumentó). Impresionante. Sin artificios, ni cosas raras, con un simple telón de fondo, el espectáculo era escucharlos y ver a Brett Anderson, que suda carisma.

Para mí fue viajar en el tiempo a aquellos años en los que había más capas de guitarra eléctrica en las canciones, fueran del estilo que fueran, y pasaba mis CDs a cinta, para poder escucharlos camino al instituto en el walkman. Vi el concierto pegado al escenario.

Pero aún quedaba más material para justificar las agujetas del día siguiente. En el mismo sitio que Suede tocaban Kaiser Chiefs, el comodín para el Poker de figuras del viernes. No paramos de bailar y cantar… cosa fácil porque, como alguien dijo, si te olvidas de la letra, metes un “nanananananananana”, que va con casi cualquier canción del grupo y quedas como un rey.

En !!! estaba ya más a lo social que a lo musical… así que no me acuerdo de gran cosa. Sólo que sonaban bien. A partir de entonces, carpa patrocinada, dejotas pinchando y acurrucamiento por lluvia.

El cansancio arrastrado empezó a hacerse notar y decidí que debía volver a casita. A las tantas y todavía jarreanding, el camino a pata estaba vacío. Para coger el bus de vuelta tienes que bajar más de la mitad del camino hacia el lado contrario, así que me pareció perfecto que no hubiera ni txusmari, no tendría que aguantar las aglomeraciones del día anterior. Bueno, luego no me pareció tan perfecto…

Sabéis esa leyenda urbana que dice que las baldosas rojas que se están poniendo en el Botxo (esas que se supone que son para ciegos) resbalan? Resulta que no es una leyenda urbana. El resbalón fue épico (si hubiera habido jueces, me hubieran sacado carteles de 9 para arriba) y me estiré tanto en la caída que incluso poniendo las manos, dí con mi barbilla en el suelo. Afortunadamente sólo fue un susto y un par de brechas que cerraron mucho mejor de lo que pensaba. Ni siquiera fueron imprescindibles los puntos. Pero el susto determinó un poco mi plan del Sábado.

Sábado

Nadie subía a una hora prudencial y yo no quería perderme los primeros conciertos del día, así que fui en plan Conciertero Solitario (lo que viene siendo autista, vamos…). Llegué nada más empezados esos Japanese Voyeurs por los que tenía tanta curiosidad. Muy jóvenes (la fronguoman parecía una Polypocket). No son malos, pero demasiado metaleros para mi gusto y, aunque fueron mejorando a medida que pasaba el concierto, me dejaron bastante frio. No los ví muy cómodos en el escenario, en especial a la cantante (confirmo el cruce Britney Spears – Melissa Auf Der Maur), que no sé de qué iba, pero le costó recuperar la energía… Les faltan muchos muchos muchos bolos. A las fanses y fansas de 30 Seconds To Mars (ejem) parece que les molaron. Yo me quedo con el teclista a lo Camela… pieldepolling.

Las dos mejores cosas que ví en todo el día, vinieron a continuación. Con un calor de espanto, la herida de la barbilla tirando y todavía más solo que la una, sonreí durante una hora ante el fantabuloso espectáculo que Seasick Steve y el bestiaparda de su batería dieron para quienes habíamos “madrugado”. El bluesman vagabundo sorprendió al personal con un show en el que, además de buena música, presentó sus inventos (especial mención a los dos tapacubos con el palo de escoba), dedicó un tema a una chica a la que subió al escenario, contó unas cuantas historias (entre ellas cómo se lanzó “al camino”), un poema que convirtió luego en canción… Genial. Para quitarse la gorra también su compañero a la batería, Dan Magnusson, capaz de ponerte los pelillos de los dedos de los pies como escarpias.

De vuelta al escenario grande, cogí de nuevo el sitio mágico, a la derecha (mirando al escenario), justo detrás de toda aquella gente menuda de camisetas pintorrojeadas, pelos rojos parriba y muñequeras. Allí estaba el cantante de Les Savy Fav, un tío regordete y calvo, disfrazado de señora, que se sentó en el escenario con su maleta llena de complementos, abrió una caja de acuarelas y empezó el concierto pintándose la cara con ellas.


El cabezón de Tim Harrington y su repertorio de chaladuras improvisadas, eclipsaron totalmente un sonido maravitupéndico de la banda, que merecía un poco más de atención. Pero es que el show es absolutamente demencial. Nunca había visto algo así. El cantante pasó más tiempo fuera del escenario que subido a él…

Se cayó varias veces al suelo. Tuvo siempre a la crew del festi sudando para dar y recoger metros y metros y metros y metros y metros y metros y metros de cable de micrófono. Tomó prestados complementos de la mitad del público. Fue transportado en una silla de plástico por encima de las cabezas de la gente. Hizo 4 millones de mofas sobre 30STM (incluido un “I’m 3 seconds to Uranus” épico… sobre todo si pilláis el chiste). Se pasó la bandera de Suecia por sus partes nobles. Arrancó la cabeza de pato de un flotador para ponérsela de sombrero. Se abrazó con la mitad de la gente de la campa. Se metio en la boca sus propios calcetines. Pinchó de un mordisco el condón que uno de los asistentes se había puesto en la cabeza durante el concierto…

Aunque probablemente el momento más surrealista fue el asalto a un espectador que, sentado en la campa a unos cuantos metros del escenario, no le hizo caso cuando pidió que se levantara. Harrington volvió a bajarse del escenario, atravesó al público (pasó delante mio) y se fue a la carga. El chaval acabó recibiendo un masaje en los pies.

Tim estaba hipnotizado con su propia figura en las pantallas…

Al final del concierto, fue la última persona que dejó el escenario. Con el resto de la banda descansando en el backstage, mientras el personal recogía todo el equipo, él recuperaba todas sus pelucas, sombreros, fulares… Digno de ver. Que vuelvan, por favor. Insisto, por cierto, musicalmente geniales también.

En realidad, aquí acabó el festival para mí. Me dí una vuelta, cogí algo de comer y pasé de M Clan. Creo que son buenos en lo que hacen… pero no me convencen, así que fue un momento perfecto para un bocata. Allí me quedé, sentado entre el 1 y los puestos de comida, hasta que 30 Seconds To Mars saltaron a escena.

Duré 3 canciones y media. Dios. Qué dolor de ojos. Vi tantas veces el jerolo de Jared Leto en las pantallas, que empecé a llamarle “lider”, pensé en vender mis pertenencias, donarlas a la causa e inclinarme ante los cuatro símbolos de la revolución marciana esa… La chavalería de las primeras filas parecía muy contenta… al fin y al cabo, era a lo que habían ido a Kobetas y me alegro por ellas y ellos. Pero es que me parece una banda de plástico. Cuando escuché por sexagésima vez la palabra “fuck” saliendo del buzón de Leto sin necesidad, decidí entre resoplidos que era el momento de hacer una visita a la gente que estaba en el camping y descansar mi mente y mi estómago, antes de ver a Jack Johnson.

En el concierto de Jack, se me terminó de venir encima todo el cansancio de un fin de semana en el que no había parado. Las persianas se cerraban, así que me despedí de la gente, me armé con algo de cafeína con sabor a jarabe, gastando algunos chines festivaleros de los que me sobraban y, asumiendo la enorme pérdida del rock sureño de los cuervos y la chaladura electrónica de los Txemikal, volví a mi casa. 12 horas de sueño más tarde, cuando desperté, seguía cansado. El lunes seguía cansado. Y el martes.

Cierre

Ha sido un gran finde. El nivel general, muy bueno, sobre todo el viernes. Lo único que he echado de menos es un concierto realmente largo, al estilo del que se cascaron el año pasado Pearl Jam (con setlist de 20 temas). Pero ha sido un dinero muy bien invertido. En lo personal, no sólo vi y escuché un montón de cosas que merecían la pena, sino que fue un fiestón, con compañía de lujo todos los días (a pesar de echar de menos a mucha gente también) y logré desconectar de mi rutina, disfrutando como un niño.

Siento que me haya salido una crónica tan personal, pero ya sabéis que esto es MISTEORIAS. Para algo más pro, os recomiendo los artículos de Surfer Rosa (a los que he tomado prestada alguna que otra foto) para cada uno de los días: jueves, viernes y sábado.

Nos vemos el año que viene en las campas.

fuente imágenes: surferrosa.es, mi decrépito móvil que pronto será sustituido por un android como mandan los cánones

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2 comentarios en “Monotema #bbklive2011: EPÍLOGO – RESUMEN tardío del Bilbao-bbklive 2011

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