No os enteráis de nada…

El movimiento de insatisfacción general va creciendo y tomando aún más la calle, incorporando gente de todos los colores, sabores y formas. Mientras, la “clase política” y la prensa, incapaces de analizar el fenómeno con toda su salsa, siguen esforzándose sin éxito en clasificarlo de alguna forma que les sea cómoda, dentro de su firmemente estructurado modelo mental de la política y la participación ciudadana. Ese modelo que han ido deformando hasta la caricatura que es hoy.

Ayer aterricé por casualidad en 59 segundos, el programa de debate político de la 1 en que todo el mundo tiene muchas ganas de decir y, al menos en apariencia, no muchas de hablar. El espectáculo era lamentable. Un grupo de periodistas, totalmente perdidos en su concepción del fenómeno (salvo un par de excepciones a los que se enfrentaban), insistían constantemente en la idea de la heterogeneidad de los grupos concentrados (en especial el de Sol, en los madriles), como si de una debilidad se tratara, como si restara validez, fuerza o credibilidad al movimiento.

Sí señores y señoras, el movimiento es heterogéneo y, probablemente, lo será cada vez más. COMO LA SOCIEDAD. Por eso es más representativo aún que cualquier partido, facción o color político.

Puede que la prensa y la propia clase política hayan conseguido esculpir un modelo simple, en el que enormes masas de gente, se limitan a mostrarse como grupos homogéneos de pensamiento y decisión. Pero en el mundo real, en la calle, en cada casa, incluso aunque nos inclinemos a un lado o a otro, cada persona piensa diferente.

Este fenómeno no es transversal a la política, como se ha dicho. Tampoco apolítico. En realidad, conscientemente o no, es un movimiento profundamente político. Tan profundamente político que abarca mucho más allá de urnas, colores, chaquetas y mítines. Tan profundamente político que trasciende los partidos y las ideologías. Tan profundamente político que pide reconducir las reglas de la política de un país (heterogéneo, por cierto) y su clase política.

Hace unos años, un enorme grupo (heterogéneo) de gente muy diferente, se movió a favor de la democracia. Unos cuantos años después, insatisfechos con su funcionamiento actual, otro grupo (heterogéneo) de gente, se mueve para quejarse, gritar y pedir una mejora.

Hoy en día, que todo se mira desde un punto de vista empresarial, quizás convendría pararse a pensar en que los ciudadanos de un país son sus clientes. Es más, también son sus accionistas. Si una empresa, pese a cambiar de directivos, no es capaz de contentar ni a clientes ni a accionistas, ¿no debería plantearse hacer cambios mucho más profundos?.

Ala, a jugar a pala (o algo)

fuente imagen: el siempre grande QUINO

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