Alex de la Iglesia: El Retorno del Jedi

Lo primero que hice al ver la noticia sobre la (especie de futura) dimisión de Alex de la Iglesia como director de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas fue insultarle, en alto, con la boca bien abierta.

En ese momento, escuchando la noticia, la impresión que invadía mi cuerpo y me llenaba de encabronamiento, era de oportunismo puro y duro. Pensaba que el director se habría dado cuenta de que, por coincidencia entre el perfil de lo que “ellos” llaman piratas y el perfil de público de sus películas, no le convenía seguir enfrentándose a la muchachada.

Pero creo que me equivoqué. No me había informado suficientemente y me fié de una breve, polarizada e intrigantemente desnutrida redacción de una noticia. Una noticia cuyo origen estaba en un comunicado del protagonista de esta historia, que dejaba las cosas requeteclarísimas. Por eso me parece que, o bien se trata de uno de esos casos en los que un notición nace de un triste teletipo, sin ir a la fuente para obtener más y mejor información, o bien se quiere jugar deliberadamente al despiste, intentando confundir a los noticioconsumidores.

Después de ir al origen (siempre conviene) y leer la propia reflexión personal del director, publicada en el diario Público (perdón por esta redundancia, tan  parcialmente inevitable como deliberadamente escrita), me gustaría pedirle perdón a él (y a su madre), por mi arrebato frente a la caja tonta mientras escuchaba la noticia de su dimisión. Seguramente no será el primero ni el último intenso pitido audiorejil que haya sufrido (sobre todo en los últimos tiempos). También es cierto que solté aquellos improperios en la intimidad de mi casa… Pero es una cuestión de principios. De vez en cuando me acuerdo de que los tengo, sí. En serio. O algo.

Hay dos cosas que me gustan del discurso de Alex de la Iglesia en su Aprender a encajar:

En primer lugar, parece que este cambio de opinión es fruto de un proceso de reflexión serio. Fruto de un esfuerzo por escuchar y, sobre todo, entender. El artículo habla de sus contactos con gente como David Bravo (un referente legal imprescindible en lo que respecta al internetes como herramienta de intercambio) o Francisco George del Partido Pirata (arrrr!), entre otros. No es moco de pavo si pensamos en Alex como quien “gobierna” un mundo lleno de gente que se mantiene realmente firme en una opinión formada a partir de un solo pedazo de realidad.

En segundo lugar, y mucho más importante, porque reflexiona sobre la manera en que llegó a este cambio en su punto de vista: dejando a un lado esa barrera aislante antiloqueyonopiensoril que está instalada por defecto en nuestra sociedad. Habla de hablar, pero de hablar de verdad. De que haya un intercambio de ideas y una voluntad real de transmitir lo que uno piensa, procesar lo que el otro nos dice y salir de la conversación con información enriquecida. De hecho, va más allá: habla de salvar el cabezonerismo y ser permeables al cambio de opinión.

Vivimos en una sociedad en la que tendemos a posicionarnos, a polarizar siempre dos bandos en cualquier cuestión, incluso aunque las opciones disponibles sean cientos o miles. Todo se reduce al , al no, al blanco, al negro. Las dos posiciones se clavan, se vuelven absolutamente inmóviles y sus miembros se dedican a comerse las pollas darse la razón internamente por sistema.

Por eso me gusta que Alex haya entendido la forma que tenemos muchos de ver este asunto y más aún que la comparta en cierta medida. Pero sobre todo, que se haya acercado, bandera blanca en mano, a la trinchera enemiga, para ver por qué luchaban esos que tenía enfrente. Esos que, por otro lado, siempre se han ofrecido a explicarlo.

No sé si el director bilbotarra cambiará de opinión, si le atraerán nuevamente al lado oscuro o si el discurso que explica su (por entonces menos-lejana-que-ahora especie de) dimisión, seguirá diluyéndose entre justificaciones que pretenden contentar a todo el mundo… Pero celebro que alguien con tanta visibilidad pública haya dado un ejemplo de madurez cívica.

Diálogo y empatía por encima de orgullo e inmovilismo… Voluntad de entender, por encima de la voluntad de imponer… Y, tras meditarlo, una (especie de futura) dimisión (o lo que sea) coherente.

Cómo me jode que sea una excepción. Así va este planeta.

fuente imágenes: ajícara, es.starwars.wikia.com

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