El Jorobado de la Gran Vía Bilbaina

Trabajo, mileurista aunque contento (en los tiempos que corren como para no), en una oficina situada en medio de la Gran Vía de Bilbao, con la suerte (adicional) de que mi mesa está junto a la ventana. Un privilegio porque resulta mucho menos agobiante machacar teclas delante del ordenador y las vistas son, como mínimo, interesantes.

Es inevitable mirar a la calle en esos momentos en que desvías los ojos de la pantalla y eso te permite observar un sinfín de pequeñas historias cotidianas.

De entre los personajes que se mueven por GVTV, hay uno que me despierta una particular curiosidad y hasta cierta simpatía. Es un hombre joven, de treintaitantos, moreno y con acento centroeuropeo (me he cruzado un par de veces con él en la calle y… sí, sí, ahora también soy lingüista). Su marca de la casa es que se ayuda de una muleta al caminar, aunque con diferencias sustanciales según el momento.

A primera hora suele andar en dirección a la plaza Circular, a paso ligero, ágil y sin casi apoyar su “katxaba” en el suelo. Con gesto de prisa, desaparece en la parte derecha de mi ventanal. Un rato después, vuelve a aparecer. Viaja ahora lentamente hacia Moyua, por la misma acera (la de la librería con cafetería y esa tienda de ropa que se llama casi como una fabricante de coches, ambas del botxo de toda la vida…).

Pero algo ha pasado… se apoya con dificultad sobre su muleta, cojea con los pies torcidos hacia adentro, inclinado, un hombro casi desencajado que simula una chepa de película. Se para constantemente extendiendo el brazo y mostrando, con cara apenada, un vaso al que nadie parece tener intención de contribuir con alguna monedilla.

Don Muleta interpreta a diario al Jorobado de la Gran Vía. Un papel trabajado, lleno de matices y, estoy seguro, muy cansado. No en vano, de vez en cuando cambia de mano la muleta y la cojera salta hacia la otra pierna… puede que no quede demasiado bien, pero nadie es perfecto. Desde luego, le dedica un buen rato al día. Es un auténtico trabajo, me da igual si no es oficial o si envuelto en picaresca (engaño dirán algunosas). Recordemos que Hugh Laurie (o como pelotas se escriba) no hace más que quejarse porque su (gran) interpretación de House, simulando la cojera del virtuoso y eternamente encabronado médico, está acabando con su cuerpo… así que no será moco de pavo hacer como que tienes una pata chula, y llegando a tal intensidad en el asunto, no te quiro ni contar!

Me limito a mirar y reconozco que la situación me entretiene… pero también intento no juzgar, porque puede que él finja, pero es mejor no olvidar la gran ironía de criticar desde la ventana de una oficina en la Gran Vía.

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